Solo vine a hablar por teléfono
Solo vine a hablar por teléfono
Por Eduardo Castañeda
Corría la tarde de un martes. Un huracán, cuyo curioso y poco distinguible nombre no recuerdo, estaba azotando Monterrey y sus zonas aledañas.Mal hice en prestarle mi auto a Roberta, mi pareja desde hacía dos años.
Sabía que la marcha no andaba del todo bien, pero ante la falta de dinero para arreglarlo, así seguí usándolo.
Roberta me pidió las llaves para ir a ver a su madre a Saltillo, a 80 kilómetros de distancia. Con buen tiempo, y a velocidad moderada, tendría que estar allá en una hora y algunos minutos más.
Tomó las llaves y se fue. Un beso en la mejilla fue su equivalente a un te quiero.
Roberta no solía avisar por cuánto tiempo se iría. No tenía por que ser distinto en esta ocasión.
Ese martes, ya con el chaparrón encima de nosotros, no me quedó más que trabajar desde mi casa. Encendí la computadora con reservas, y comencé a calcularle los impuestos a aquél fraudulento comerciante de ropas chinas.
Leer nota completa: Solo vine a hablar por teléfono
Siguen sin gustarme los spaces de MSN, pero me encantó esta historia… ojalá y el autor se pase a WordPress.com o Blogger :-p
También Lee
If you enjoyed this post, please consider to leave a comment or subscribe to the feed and get future articles delivered to your feed reader.


Completamente de acuerdo, tanto en la historia cmo en los Spaces.